Manual para no rendirse

 No tengo patria,

solo heridas.


No tengo fe,

tengo rabia.


Me crié entre gritos y paredes descascaradas que le faltaban revoque,

viendo a los que trabajan morir cansados en huertas secas,

y a los que mandan vivir limpios.

Aprendí que el amor no alcanza

cuando el hambre se sienta en la mesa


Aprendí que el saber tampoco alcanza cuando hay hambre


Soy hijo del ruido,

de la esquina que educa mejor que cualquier escuela.

Mi dios fuma,

mi bandera sangra,

mi utopía duerme con un ojo abierto por si le clavan un facazo en el penal 


Ya no busco sentido,

busco verdad aunque duela,

aunque me parta la boca Bonavena


Porque el mundo está armado para que pierdas,

y sin embargo, sigo.

Con los nudillos rotos,

con el alma a medias,

pero sigo. O trato. 


No creo en la pureza ni en los discursos:

todo lo que vale nace sucio.

Ni nacemos buenos ni nos hacemos malos,

la vida es solo un hecho 

Un beso, una revolución, un poema.

Todo arranca del éter 


Y si algún día me ves callado,

no pienses que me rendí:

es que estoy afilando el silencio

para volver a gritar. 


Y volver a querer matarme una y otra vez 


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