La justicia es una bota con barro de otro cuerpo
Nací del barro y del silencio,
del plástico y el ruido —todo junto
Nací de una patria oxidada que aprendió a mentir sin vergüenza.
Vi a los hombres vender sus manos por monedas,
y a los ricos persignarse falsamente
Me cuesta creer en los dioses y en la democracia,
porque ambos —a veces, comen del mismo plato.
Yo milito en la trinchera del desencanto,
donde la palabra “esperanza” es un insulto antifascista pero leve y cagón
Donde los muertos siguen votando
y los vivos no pueden ni gritar.
Donde los que se tatúan a Guevara
luego no dicen nada
La belleza, a veces,
se parece al olor del sudor mezclado con pólvora o el sonido de los bombos y los cantos
No quiero redención ni gloria,
quiero el temblor en las calles,
la respiración de los cuerpos que aún no se rindieron
Porque si todo es ceniza,
que al menos sea nuestra
Si todo arde,
que el fuego nos tenga nombre y dedicatoria